Qué es el CICA

Posted by Jorge Hidalgo On Mayo - 01- 2009

El CICA es el Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada creado en el año 2004 en el seno de la Universidad Anáhuac México Norte, en su Escuela de Ciencias de la Comunicación

Investigación y Publicaciones

Posted by Jorge Hidalgo On Mayo- 01- 209

Actualmente, en el CICA se estudian los problemas que rodean al cine, la radio, la televisión, internet, la prensa, los nuevos medios, la publicidad y la comunicación organizacional y sus relaciones con la ética y el respeto de los valores humanos para que puedan ser resueltos con el apoyo de la investigación científica y con ello contribuir al desarrollo de la sociedad mexicana.

Posgrados y Extensión

Posted by Jorge Hidalgo On Mayo- 01- 2009

El CICA guarda un interés particular por la formación integral de los profesionales e investigadores que se adscriben a la red de comunicadores que está conformando. Esta visión, tiene como principal objetivo humanizar la actividad de los comunicadores

Difusión de las Investigaciones

Posted by Jorge Hidalgo On Mayo - 01- 2009

Los investigadores del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada, están comprometidos a contribuir en el conocimiento, a través de las investigaciones que realizan, buscando siempre comunicar veraz y objetivamente las innovaciones científicas, creando formas novedosas de divulgación del conocimiento e incrementando la investigación y su aplicación en las empresas de comunicación para promover con ello el uso ético de los medios de comunicación

Vinculación

Posted by Jorge Hidalgo On Mayo- 01- 2009

El contacto con otras instituciones y organismos relacionados al ámbito de la Comunicación, especialmente aquellos que desarrollan nuevas investigaciones y conocimiento sobre esta disciplina, es esencial para elCICA a fin de mantener actualizados a todos sus miembros

Ética y comunicación: en la perspectiva de los derechos humanos

Posted by Jorge Alberto Hidalgo Toledo On 11:15 a.m. 0 comments
Autor: Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J. | Fuente: Celam.org

Ponencia de. P. Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J. en el marco del II Congreso sobre Ética y Comunicación – CELAM – Bogotá, Octubre 7 de 2009
Ética y comunicación: en la perspectiva de los derechos humanos
Ética y comunicación: en la perspectiva de los derechos humanos
Introducción

El 10 de diciembre del año pasado se cumplieron 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU después de dos guerras mundiales y en la coyuntura de un mundo escindido entre ideologías opuestas que dieron posteriormente lugar a lo que se denominó la “guerra fría” entre las potencias occidentales de corte capitalista y las orientales de corte comunista. El 9 de noviembre del presente año se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín, que significó la terminación de dicha guerra fría entre ambas potencias. Y el año entrante será el noveno transcurrido desde la masacre de las torres gemelas de Nueva York, con todas sus implicaciones en términos de nuevas formas de guerra y de violación de los derechos humanos, cuya declaración se sigue repitiendo en la teoría, pero cuya negación en la práctica sigue tan vigente como siempre.

Hoy América Latina se debate entre sistemas sociopolíticos generados e impulsados por ideologías y populismos de diversos signos, en el marco de los cuales siguen negándose de esos mismos derechos. Y en este contexto, la relación entre la ética y la comunicación nos lleva a preguntarnos cómo han venido actuando, como actúan y cómo deberían actuar en esta parte del continente americano los medios y las empresas de la información noticiosa, la opinión pública y la expresión cultural, en relación con tales derechos humanos. Al hacerlo, quiero evocar el eco de un fragmento de la obra “Martín Fierro” de José Hernández, repetido en una emisora radial con motivo del reciente fallecimiento de la cantora argentina Mercedes Sosa, que sentimos hasta el fondo los latinoamericanos identificados con su denuncia valiente de la injusticia la exclusión y la opresión sufrida por los desposeídos: “Yo he conocido cantores que era un gusto el escuchar, más no quieren opinar y se divierten cantando; pero yo canto opinando, que es mi modo de cantar”. En este mismo sentido, con lo que expondré a continuación intento opinar acerca de lo que considero que debe ser la relación entre la Ética y la Comunicación en la perspectiva de los Derechos Humanos.

1. Consideraciones preliminares en torno al reconocimiento de la dignidad de la
persona y los derechos humanos

Lo primero que a mi juicio hay que plantear con respecto a la relación entre ética y comunicación en la perspectiva de los derechos humanos es el concepto de dignidad de la persona, tanto en lo referente a su ser individual como a lo que corresponde a su naturaleza de ser social. Esto significa que es preciso construir una ética comunicacional de la dignidad, teniendo en cuenta por lo pronto las siguientes consideraciones preliminares:

1ª - La dignidad de la persona humana es un atributo esencial de su naturaleza como sujeto de derechos, precisamente como sujeto individual racional capaz de interrogar-se y de conocer reflexivamente, de decidir y actuar libremente -con autonomía y responsabilidad-, de amar y relacionarse interpersonal y socialmente, de asumir su corporalidad y de orientar su sentido de la vida con referencia a un horizonte de valores no sólo bióticos, psíquicos y sociales, sino también espirituales -cognoscitivos, estéticos, religiosos y éticos-. En la realización de todas estas capacidades radica el logro de una calidad de vida que corresponda al reconocimiento de su dignidad y consistente en la satisfacción plena de sus necesidades de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, recreación, creación, identidad, libertad y trascendencia . Tal reconocimiento implica a su vez la afirmación categórica de la persona humana como fin, no reducible éticamente a un medio o instrumento .

2ª - La dignidad está dada, no es algo que se pueda o no tener, y por lo mismo no es una cualidad que se adquiere o se logra o en la cual se progresa. No se crece ni se disminuye en dignidad, la dignidad. Sencillamente, es un atributo con el cual se nace y que, como tal, debe ser reconocido en todas las personas sin medida, sin distinciones, sin discriminaciones. Y es éste justamente el sentido del Artículo 1º de los 30 que componen la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada el 10 diciembre de 1948 por la Organización de las Naciones Unidas: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” Lo que sucede es que el hecho de nacer “libres” (es decir, capaces de poder desarrollar su capacidad de autodeterminación y autonomía responsable) e “iguales en dignidad y derechos”, no asegura de por sí que esta libertad y esta igualdad sean efectivamente reconocidas. Ese es el problema y como tal el desafío central de la ética, de las ciencias jurídicas y del ejercicio de la política en sus respectivos y auténticos significados.

3ª - La dignidad de la persona humana no se reduce a los derechos individuales, -como podría inferirse de una lectura literal de la Declaración anteriormente mencionada, todavía heredera en su concepción y en su formulación de las ideas propias del pensamiento ilustrado del siglo XVIII, sino que también implica y exige el reconocimiento de derechos sociales, políticos y culturales. Los pueblos, las colectividades nacionales, regionales y locales, las comunidades étnicas, la familia como núcleo y célula primaria de la sociedad, expresan su dignidad de formas plurales y diversas en sus modos de vivir, de relacionarse con la naturaleza, entre sí y con el Ser trascendente.

4ª - Desde hace algún tiempo ha venido cobrando cada vez más importancia la toma de conciencia de los llamados “Derechos de la Tierra” -en el sentido de un llamado bioético al respeto por la naturaleza con todas sus implicaciones ecológicas-, que en definitiva son también derechos humanos porque corresponden a la exigencia de la conservación de nuestro hábitat para asegurar la sobrevivencia y la calidad de la vida de todos los habitantes del planeta, no sólo en el presente sino también en el futuro.

5ª - Los derechos humanos no son producto de sus declaraciones. Es el progresivo reconocimiento de la dignidad humana lo que ha dado lugar a formulaciones sucesivas de derechos, en general y en ámbitos específicos -como el del antes denominado “Derecho de Gentes” y hoy “Derecho Internacional Humanitario” en situaciones de guerra o de conflicto armado, o el de los derechos de las víctimas de acciones violentas a la verdad, la justicia y la reparación-. Los derechos humanos existen desde el inicio de nuestra especie, pero sólo paulatinamente la humanidad ha ido tomando conciencia de ellos, en un proceso en el que se distinguen cuatro “generaciones”: la primera corresponde a los derechos civiles y políticos como afirmación de las libertades individuales y de la sociedad civil frente al poder estatal, tales como el derecho a la vida, a la integridad y libertad física, a la libertad de pensamiento y expresión y a la participación en la política; la segunda se refiere a los derechos económicos, sociales y culturales, entre ellos a la alimentación, vivienda, vestido, salud, trabajo, educación, cultura y seguridad social; la tercera, centrada en el concepto de “solidaridad”, incluye el derecho a la paz (es decir, el derecho de todas las personas a oponerse a la guerra, a no ser obligadas a tomar las armas o a ejecutar órdenes contra la integridad de los demás, a no ser agredidas física ni psicológicamente), el derecho al desarrollo sostenible, a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y al patrimonio común de la humanidad; y ha surgido aún más recientemente una cuarta generación de derechos, en el sentido de la igualdad de todas las personas como integrantes de la familia humana, más allá de las fronteras políticas nacionales.

6ª - El reconocimiento de la dignidad de las personas y de las culturas implica a su vez el reconocimiento de la pluralidad, la diversidad y la diferencia con sus connotaciones éticas de una exigencia de tolerancia, no en el sentido de una complicidad con el delito o con los comportamientos y efectos que van en contravía de los derechos de todos, sino en el de una actitud incluyente y proactiva de respeto por las distintas condiciones, capacidades y opciones de vida, por las ideas y los sentimientos de los demás, en un clima de apertura al diálogo con base en la valoración positiva del disenso o disentimiento.

7ª- Una última consideración preliminar, teniendo en cuenta todas las anteriores: el reconocimiento de la dignidad de la persona humana, de la cual se desprenden todos sus derechos, no es patrimonio exclusivo de ninguna normatividad moral particular, sea ésta de carácter jurídico, político o religioso. Es una instancia de lo que se denomina la ética civil o ética ciudadana, en cuanto ética de mínimos universales, es decir, de lo que cada ser humano en principio puede reconocer como derechos y deberes de todos, no obstante la pluralidad y las diferencias culturales. Y esta ética de mínimos es justamente la que se ha venido intentando expresar a través de las sucesivas declaraciones de derechos humanos. En la universal de 1948 son significativos los artículos 29 y 30. El 29 señala en sus parágrafos 1 y 2 la correlación entre derechos y deberes ; y el 30 conlleva un planteamiento necesario de la relación entre derechos fundamentales y derechos absolutos: todos los derechos enunciados son fundamentales en cuanto corresponden al principio básico de la dignidad humana, pero ninguno es absoluto, precisamente porque cada uno supone correlativamente el respeto de todos los demás .

2. El sentido de la relación entre ética y comunicación en la perspectiva de los derechos humanos

Todas las anteriores consideraciones son imprescindibles para definir y comprender el sentido de lo que llamamos “ética”, en cuanto que ésta apunta al reconocimiento y la realización de los derechos individuales, sociales, culturales y ecológicos inherentes a la dignidad de todo ser humano. En este sentido, considero conveniente partir de la definición que le dio el filósofo francés Paul Ricoeur (fallecido en el año 2005) al concepto de la “intencionalidad ética”: la intencionalidad de la vida buena, con y para el otro, en instituciones justas .

El primer término de esta definición -vida buena- corresponde a lo que Aristóteles llamaba “vida feliz”, en el sentido de una “vida realizada”. Y como podemos equivocarnos en cuanto a qué sea nuestro bien, este objetivo es alcanzable por la sabiduría práctica (-frónesis praktiké-), virtud con la cual el individuo humano, mediante la deliberación, dirige su vida.

El segundo término -con y para el otro-, nos remite a la dimensión relacional, interpersonal y social de la existencia humana, sobre la base de que “mis” necesidades, intereses y proyectos de vida no pueden encontrar realización en el aislamiento individualista, sino en la cooperación con los otros. Esta dimensión, que es a su vez dialogal, y por lo mismo comunicacional, implica el reconocimiento efectivo de la pluralidad y la diferencia, y con base en este reconocimiento, la preocupación benévola por el otro, que se relaciona a su vez con el concepto de com-pasión sobre el trasfondo del reconocimiento de los tal otro como otro . De este modo, se hacen equivalentes la estima del otro como sí mismo y la estima de sí mismo como otro, lo que a su vez corresponde en su sentido más amplio a la solidaridad como exigencia ética de la convivencia humana.

El sentido del tercer término -dentro de instituciones justas-, es el de una “estructura del vivir-juntos o del convivir” que garantice la igualdad entendida como equidad, desde el reconocimiento efectivo de los derechos de todas las personas, sin exclusiones ni discriminaciones . Esta realización de la justicia exige la concertación de acuerdos mediante la participación, es decir, mediante la posibilidad real y efectivamente reconocida de tomar parte activa todos los integrantes de la sociedad, como interlocutores, en las decisiones que afectan la búsqueda, la determinación de los contenidos y la realización de la vida buena para todos.

La relación entre ética y comunicación se plantea en términos de la realización de tres categorías axiológicas básicas:

a) La veracidad, entendida en términos comunicacionales no sólo como correspondencia entre lo que se expresa y la realidad objetiva -que no puede ser total, dada la situacionalidad intencional de todo sujeto en sus procesos de conocimiento, pero por lo menos puede intentarse hasta el máximo posible-, sino también como coherencia interna entre lo que se piensa, lo que se siente, lo que se dice y lo que se hace, como manifestación sincera y develadora de la persona y de su percepción del mundo, y como correlación entre verdad y sentido. Su polo negativo es la mentira: el engaño, la infidelidad, la hipocresía o el ocultamiento intencionado tanto total como parcial de la verdad-.

b) La libertad, entendida como capacidad personal de autodeterminación o autonomía situada y por lo mismo relativa con respecto a la existencia de otros sujetos que también son personas, como también a los condicionamientos de la realidad sociocultural, que en términos comunicacionales corresponde a la posibilidad real y efectiva de la libre expresión, sin coacciones externas. Su polo axiológico negativo en el campo de la comunicación es la censura, es decir, el silenciamiento y en general todo cuanto impida el ejercicio autónomo de la libre expresión de la persona. Ahora bien, la libertad implica esencialmente la responsabilidad social, en cuanto, como se ha dicho antes, los actos humanos de un sujeto, sus decisiones, acciones y omisiones, afecten a las demás personas.

c) La justicia, que comprende la realización cabal de los derechos humanos de todas las personas -incluidos el derecho a la búsqueda de la verdad y al ejercicio de la libertad-, y que equivale a la participación real y equitativa de todos los sujetos en el acceso a los bienes materiales y culturales, entre éstos la realización del derecho de toda persona tanto a ser informada veraz, imparcial, completa y oportunamente como a expresarse públicamente, implica el acceso de todo ser humano sin discriminaciones a la posibilidad de ser tomado en cuenta y de tomar parte activa en los procesos de construcción y desarrollo de la condiciones requeridas para la convivencia social.

Esta categoría axiológica, hacia cuya realización se orientan éticamente la veracidad y la libertad, tiene como referentes específicos, en el ámbito de la comunicación social, los siguientes derechos humanos reconocidos por la Declaración Universal de la Organización de las Naciones Unidas en 1948 y reafirmados hasta el presente:

• El derecho a recibir y difundir informaciones y opiniones, sin límite de fronteras y por cualquier medio (Art. 19), derecho que se relaciona con las libertades de pensamiento, de conciencia, de religión, y de sus respectivas manifestaciones (Art. 18) .

• El derecho a la intimidad y a la vida privada, relacionado con el derecho a la honra y al buen nombre (Art. 12) .

• El derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y sus beneficios (Art. 27-1) .

• El derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le corresponden a una persona o a una entidad por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora (Art. 27-2) .

• El derecho a un orden social e internacional que garantice la plena efectividad del reconocimiento de los derechos y libertades de todas las (Art. 28) .

Por otra parte, preguntarse por los aspectos éticos de la comunicación social implica, entre otras exigencias, la de plantear el tema de las identidades culturales, en el sentido del reconocimiento y el respeto de la alteridad, la pluralidad y la diversidad, no sólo de los individuos, sino también de las colectividades: pueblos y naciones, etnias y comunidades, organizaciones religiosas, movimientos sociales, géneros, edades, con sus derechos a existir y a expresarse públicamente. Esta exigencia es a su vez un imperativo ético correspondiente a las tres categorías axiológicas ya señaladas: veracidad con sentido, libertad de expresión responsable y justicia participativa.

En este marco de los derechos humanos, que tienen un trasfondo axiológico en términos de valores universales, la realización efectiva del derecho a la comunicación -como todos los demás reconocido en la teoría, pero aún no suficientemente logrado en la práctica- es un reto vigente con respecto a los procesos y medios de información, de opinión y de expresión, especialmente significativo y problemático en el campo de las llamadas “nuevas tecnologías” características de la “era digital” telematizada y globalizada en el mundo contemporáneo.

3. El concepto ético de la justicia y sus implicaciones para una comunicación socialmente responsable y democráticamente participativa

El reconocimiento efectivo de lo que a cada persona le corresponde como derecho (ius en latín), es lo que solemos entender por justicia. Esta categoría axiológica es una de las cuatro “virtudes” fundamentales descritas por Platón en sus Diálogos Menón o De la Virtud y La República, y constituye según él y su maestro Sócrates la virtud ética por antonomasia, que como tal confiere sentido ético a las otras tres -prudencia, fortaleza y moderación-. También los latinos emplearon otro término que corresponde al concepto de iustitia: la aequitas o equidad, que no significa una igualdad aritmética en el sentido cuantitativo, ni una uniformidad anuladora de las diferencias de lo plural, sino un ad-ecuado reconocimiento de lo que a cada cual le corresponde como derecho. Este concepto abarca todos los aspectos o tipos de la justicia que, ya desde las filosofías aristotélica y tomista, han sido caracterizados como justicia general -la cual actualmente suele denominarse justicia social- y se entiende como la realización efectiva del “bien común” en cuanto bien de cada individuo y de la sociedad como un todo-, que se hace posible mediante la realización de la justicia legal y se concreta específicamente en los ámbitos de la justicia conmutativa y de la justicia distributiva.

Pero el concepto de justicia , que pertenece tanto al ámbito de lo ético como al de lo jurídico, ha sido y sigue siendo empleado desde diferentes perspectivas que corresponden a distintas concepciones de las relaciones sociales. Como virtud y valor ético-social, su realización se encuentra siempre en tensión y frecuentemente en conflicto con la exigencia de la libertad individual. Asimismo, la forma de entenderla y tratar de realizarla, tanto en el nivel jurídico como en el ético -que son planos distintos pero interrelacionados por cuanto lo jurídico encuentra su razón de ser en su intencionalidad ética- puede responder a una cosmovisión tradicionalista o a una progresista. La primera trata de mantener las cosas como están, suponiendo que todos se benefician en una sociedad estable, a pesar de los defectos de cualquier sistema social real. La progresista, en cambio, intenta remediar los defectos mediante la crítica conducente al replanteamiento de las estructuras sociales y a la redistribución de los bienes materiales y culturales en busca de una sociedad más justa.

Se dan también dos ideas contrapuestas de la justicia: la que se basa en el mérito (que corresponde a la visión tradicionalista: a cada cual lo que se merece) y la que se basa en la necesidad (correspondiente a la visión progresista: a cada cual lo que necesita). La correspondencia con el concepto de equidad se da propiamente en la segunda, porque ésta parte del presupuesto de la igualdad de todas las personas en cuanto sujetos de derechos, mientras que la primera no sólo establece de entrada un orden de privilegios a partir de los méritos, sin considerar las condiciones sociales de quienes no han podido lograrlos, sino que, además, corresponde a un concepto reducido a la recompensa o a la venganza. John Rawls, en su Teoría de la justicia le da la prioridad al concepto de equidad, al definir la realización de la justicia como el resultado de un contrato social hipotético que, en virtud de un supuesto “velo de ignorancia” previo -es decir, ignorando en un principio los hechos, las historias y las situaciones particulares-, reconoce imparcialmente los derechos iguales de todos, pero a partir de tal reconocimiento tiende a procurar su realización efectiva para quienes en una sociedad determinada se encuentran en desventaja -los pobres, los marginados, los excluidos- .

En el ámbito de la comunicación social, la justicia como equidad implica la posibilidad real de acceso equitativo de todas las personas a oportunidades de participación activa en el discurso público, en especial cuando este discurso tiene que ver con las decisiones acerca de lo que las afecta como individuos y como integrantes de colectividades. En esta justicia participativa se encuentra precisamente el núcleo de la relación entre ética y comunicación, entendida ésta como relación dialógica en la que todos -incluidas las mayorías desposeídas y las minorías silenciadas por la injusticia estructural institucionalizada-, sean reconocidos realmente como sujetos interlocutores con el derecho a tomar la palabra y expresarse con sus propias imágenes y desde sus propias identidades sociales y culturales. El problema de la justicia se plantea así en el sentido de la pregunta por la participación equitativa de todos los sectores de la sociedad en los procesos de construcción y desarrollo de la democracia, desde el reconocimiento efectivo del derecho a la comunicación como derecho de todas las personas.

Conviene al respecto precisar el contenido de la noción de participación, entendiéndola no sólo como recibir parte en determinados beneficios, sino en su sentido más completo: tomar parte activa en las decisiones de políticas, procesos y contenidos de comunicación que afectan la propia existencia y el propio desarrollo, tanto en el plano individual como en el colectivo, en el ámbito de lo privado como en el de lo público. Este es el sentido de lo que Antonio Pasquali, por ejemplo, propone como “interrogante medular del problema ético de las comunicaciones”: “¿Es posible la participación del perceptor?”.

En su libro Comprender la comunicación, cuyos conceptos con respecto a la ética de la comunicación son en mi opinión todavía vigentes, Pasquali le dedicó el capítulo IV (“Ética en las comunicaciones”) al planteamiento de una ética integral de la comunicación con base en la categoría kantiana de relación en su modalidad de reciprocidad -distinta de las modalidades de inherencia y causalidad- y desde la teoría crítica de la sociedad. La tercera sección de dicho capítulo, que tiene por subtítulo la pregunta mencionada, plantea el problema central de la ética de la comunicación en los siguientes términos:

“...el perceptor actual ha sido degradado éticamente a medio para fines autoritarios, poniendo así en quiebra uno de los principios supremos de la eticidad. La reconstrucción de su dignidad o su desreificación pasa aquí por la operación de restituirle su capacidad interlocutoria” .

A partir de este planteamiento, teniendo como premisa su propia definición de comunicación en tanto relación dialógica entre sujetos activos , Pasquali presenta un perfil ideal del ser humano inmerso en una relación auténtica de comunicación, en su fase o papel de “perceptor”, el cual implica mucho más que ser “receptor”, puesto que “receptores” son nuestros sentidos fisiológicos y sus extensiones tecnológicas. Tal perfil se caracteriza por las siguientes funciones:

• El sujeto elige ser perceptor, sin ser obligado a serlo por no tener alternativa.
• El sujeto decide libremente sintonizar el mensaje, en el canal de su elección, dentro del marco de un acceso posible a todos los mensajes existentes.
• El sujeto decodifica el mensaje en forma consciente y lo interpreta racionalmente.
• El sujeto comprende el mensaje al interpretarlo críticamente.
• El sujeto puede asumir el rol de emisor cada vez que lo considere conveniente.

Este “perfil ideal” del perceptor constituye una especie de utopía en el mundo imperante de las comunicaciones. Sin embargo, es precisamente la utopía el motor que ha de impulsar hacia el logro cada vez mayor de condiciones de acceso y participación. Pasquali explica así el sentido de ambos conceptos :

“Por acceso se entiende aquí la capacidad de acceder a, o de utilizar libremente, en calidad de perceptores, todas las fuentes y canales de envío de mensajes, sin restricciones de ninguna especie y en condiciones de absoluta igualdad”.

“Por participación se entiende aquí la capacidad de utilizar, en calidad de creadores y emisores de mensajes, todas las fuentes y canales de emisión, sin restricciones de ninguna especie y en condiciones de absoluta igualdad”.

A la luz de estos criterios, Pasquali propone lo que considera el rol fundamental de una teoría crítica de las comunicaciones, la cual debe ser asumida necesariamente por una ética de la comunicación integral o comprehensiva. Este rol puede resumirse en los siguientes imperativos:

- Declarar irrenunciables los elementos esenciales de reciprocidad inherentes a toda relación de comunicación, e inaceptables los usos y abusos actuales del complejo tecnológico-económico-político que degradan la comunicación en su esencia misma.

- Denunciar todos los sustitutos falaces de una participación activa del perceptor en la producción de mensajes, por tratarse casi siempre de degradantes manipulaciones, de limosnas destinadas a perpetuar la pobreza.

- Instaurar a largo plazo una estrategia desmitificadora de los medios para reactivar en el público perceptor su potencialidad participativa teóricamente consagrada por leyes y declaraciones universales, pero conculcada de hecho por pesados condicionamientos de los oligopolios comunicacionales (tanto en lo intra-nacional como en lo transnacional).

- Instaurar una estrategia análoga destinada a suscitar una demanda de acceso libre, universal y democrático al uso de todas las fuentes y medios de comunicación, restringido de hecho por intereses económicos y políticos.

- Formular estrategias a corto plazo para un trabajo conjunto de filósofos, legisladores y políticos, tendiente a facilitar realizaciones concretas y de gran trascendencia en los sectores del derecho y de las políticas de la comunicación, en procura de sistemas comunicacionales más justos, participativos y democráticos.

Cabe entonces preguntarse por las formas prácticas de llevar a cabo tales imperativos, a lo cual responde Pasquali:

“Una filosofía práctica llamada a definir el quid (el qué) de una ética de las comunicaciones debería detenerse aquí, sin descender al nivel de las recetas concretas capaces de curar los males. No es que la filosofía deba despreciar recetas y fórmulas (...), pero la tarea concreta correspondería más bien al sociólogo y al político, al comunicador y al legislador, a los centros de decisión nacionales e internacionales, es decir, a todos aquellos sectores de la actividad pública con capacidad y poder para generar cambios sociales”. “La filosofía deberá aportar sistemas categoriales, criterios y principios” .

Un punto importante sobre el cual llama Pasquali la atención es la actitud que caracteriza a quienes detentan el poder vigente en las relaciones de producción dentro del mundo de las comunicaciones: estos no temen a los filósofos que conversan entre sí, pero sí al filósofo que se sienta a discutir y planear con el político, el legislador, el sindicalista, “y es precisamente ésta la tarea que más compete a una filosofía actual de las comunicaciones” .

Pero ¿cómo establecer unos parámetros básicos de acción que, sin ser “recetas”, ofrezcan pautas concretas para la instauración de una política de comunicación auténticamente participativa? Para responder a esta pregunta en el sentido de identificar y poner en práctica los medios necesarios en orden a la realización del valor ético de la justicia como equidad participativa en el ámbito de la comunicación, es imprescindible el papel activo de la llamada sociedad civil.

En una libro titulado Manual para cubrir la guerra y la paz, publicado en Bogotá el año 1999 con el patrocinio de varias entidades , se define el término sociedad civil como “el ámbito de las relaciones e interacciones de cooperación o de conflicto entre individuos y grupos, que se da por fuera de la regulación de las instituciones estatales, pero está sujeto a sus normas”, y asimismo como “el escenario donde los intereses ciudadanos pretenden articularse y verse representados en organizaciones, instituciones y actores sociales más o menos organizados (económicos, ambientales, académicos, religiosos, de género, etc.)”, y que “en la medida en que es un ámbito de interacción social, se concibe fundamentalmente como espacio público, mas no estatal”. En relación con el problema de la violencia, se entiende a su vez por “actores de la sociedad civil” a las personas, grupos o colectividades “que actúan de una forma u otra alrededor del conflicto armado y la búsqueda de soluciones pacíficas”, contándose entre ellos “los movimientos políticos, los grupos desmovilizados, los gremios de la producción, las organizaciones sindicales, la Iglesia y los movimientos sociales” .

El concepto de sociedad civil, utilizado desde antes del siglo XVIII en el pensamiento político europeo como sinónimo de Estado y ciudadanía, ha venido evolucionando luego en su sentido y aplicación , específicamente a partir de los escritos de John Locke y otros filósofos británicos. La evolución se ha dado hacia “la idea de una esfera de la sociedad distinta del Estado, con formas y principios propios”, y como tal “un ámbito en el que los ciudadanos se asocian de acuerdo a sus propios intereses y deseos”. Y aunque Gramsci, siguiendo a Hegel y a Marx, lo utilizó en los años treinta del siglo XX como la “parte del Estado no relacionada con la coerción o la ley formal sino con la conformación de consenso” -caracterizándolo como “la esfera de la cultura política”-, desde los años setenta y más ampliamente a partir los ochenta del siglo veinte ha venido empleándose en el sentido de un ámbito distinto del estatal, como lo hacen por ejemplo Norberto Bobbio, Charles Taylor y Jürgen Habermas. Me parece importante destacar lo planteado al respecto por los dos últimos.

Charles Taylor indica que la idea de sociedad civil “está profundamente enraizada en nuestras tradiciones políticas y formas de vida”, agregando que “de cuál definición de sociedad civil se escoja, se derivarán importantes consecuencias sobre nuestra visión de una sociedad libre y, por ende, de nuestra práctica política”. Y él mismo -como también lo hacen otros- distingue entre las siguientes acepciones:

“(1) En un sentido mínimo, la sociedad civil existe cuando hay asociaciones libres que no están bajo el tutelaje del poder del Estado. (2) En un sentido más fuerte, la sociedad civil existe donde la sociedad en su conjunto puede estructurarse y coordinar sus acciones a través de tales asociaciones libres. (3) Como una alternativa o suplemento a la segunda acepción, podemos hablar de sociedad civil cuando el conjunto de asociaciones puede determinar significativamente o afectar el curso de la política estatal”.

La acción de la sociedad civil, así entendida, es un factor decisivo en la construcción ético-política de la democracia. Y lo es precisamente en el sentido de contribuir, desde los ámbitos de la ciudadanía que no detentan el poder ni en el sistema político estatal ni en el económico empresarial, a la garantía de un eficaz cumplimiento de los derechos humanos de todos los sujetos individuales y colectivos de la población:

- Garantía para la realización del valor ético de la verdad mediante el acceso efectivo de todos a la información veraz e imparcial, porque cuando operan desde un análisis y un conocimiento lo más completo posible de la realidad social y cultural propia de las mayorías y minorías gobernadas y consumidoras, contribuyen a esclarecer lo que, al ser expresado desde los intereses de quienes manejan las políticas estatales y empresariales, puede tener el peligro de carecer de transparencia.

- Garantía para la realización del valor ético de la libertad de expresión, porque al hacer efectivos los procesos y los canales de expresión de la ciudadanía, contribuyen a que dicha libertad no siga siendo una categoría meramente formal y se dé efectivamente en el ámbito de lo público, por una parte reclamando al Estado y a los medios de comunicación vinculados a los grandes poderes políticos y económicos, la responsabilidad social que de acuerdo con las declaraciones de derechos exige su ejercicio; y por otra, ejerciendo el derecho de todo ciudadano -y no sólo de los propietarios, directivos y profesionales de los medios- a expresarse libremente.

- Garantía para la realización del valor ético de la justicia, mediante la creación y el desarrollo de mecanismos efectivos de participación de todos los sectores de la sociedad en la confección de políticas y en la toma de decisiones que afectan a las personas, a las colectividades y a las culturas del país.

Por tanto, las denominadas “ONG” (organizaciones no gubernamentales) que como parte de la sociedad civil vigilan la realización de los derechos humanos, son entidades convenientes y necesarias, aunque con frecuencia producen el rechazo o son incomprendidas por parte de ciertos sectores del poder estatal y económico. Y precisamente por ello, también en el marco ético-comunicacional les corresponde estar atentas a que sus análisis y denuncias, en un marco de libertad de investigación y de comunicación socialmente responsable, se ajusten a la veracidad sin sesgos ni discriminaciones y se realicen equitativamente. Inicialmente fueron constituidas para vigilar el respeto a los derechos humanos por parte de las instancias estatales, pero su trabajo es incompleto si no da cuenta también de las violaciones en otros ámbitos..

Teniendo en cuenta lo anterior, para hacer posible la participación equitativa y activa de la sociedad civil en los procesos de comunicación pública es necesaria una identificación de los agentes cuya acción determina o condiciona el papel y las formas de operación de los medios, y en general de todas las mediaciones culturales en una sociedad. Tales sujetos agentes pueden identificarse teniendo en cuenta tres ámbitos de articulación: el ámbito político (A) el ámbito profesional (B) y el ámbito del usuario (C). En estos tres ámbitos, que en parte corresponden a las tres categorías señaladas por Rivers y Schramm desde 1957 -el gobierno, los medios y el público- , se sitúan los distintos tipos de participación en el proceso comunicativo global que tiene lugar dentro de cualquier sociedad, y por lo mismo es preciso considerarlos específicamente al establecer una ética y una política de participación que pretenda contribuir a la transformación de las estructuras comunicacionales.

Hacia la intersección de estos tres ámbitos deben converger los esfuerzos de una ética integral de la comunicación en la perspectiva de los derechos humanos que articule la reflexión con la acción, y esto sólo es posible si partimos del ámbito C (el de los usuarios de los medios) como base estructural determinante de las relaciones de comunicación participativa que han de establecerse y concretarse mediante las políticas, la legislación y la regulación desde el ámbito A o político-estatal, y mediante la planeación, la producción, la autoevaluación y la autorregulación desde el ámbito B o de los profesionales de a comunicación.

A.- Ámbito político estatal:

Por lo dicho anteriormente, lo primero que ha de tenerse en cuenta desde el ámbito estatal son las necesidades reales y los derechos de acceso y participación de los usuarios y perceptores de los medios. En consecuencia, todas las instancias a través de las cuales se ejerce algún tipo de autoridad para el bien común de la sociedad o algún tipo de representación democrática, deben concurrir a buscar soluciones reales a tales necesidades, para hacer efectivos tales derechos.

A este respecto vale destacar la propuesta del NOMIC (Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación”), planteada en 1980 por el denominado “Informe de la Comisión Mac Bride” , y rechazada en aquel momento por las grandes potencias norteamericanas y británicas representadas en el seno de la UNESCO, dentro de la cual fue elaborada. No obstante ese rechazo por motivos obvios del poder dominante en el orden establecido, los aportes de tal Informe con vistas a un “nuevo orden” en términos de una comunicación realmente participativa fueron entonces y siguen siendo actualmente válidos y vigentes.

En lo que toca al ámbito político, sus principales aportaciones con respecto a “los roles que juegan -o podrían o deberían jugar- quienes toman parte activa en los procesos de comunicación”, se refieren a seis tipos de entidades: los grupos y las organizaciones voluntarias, las comunidades, las instituciones, las compañías nacionales y transnacionales, el Estado y los organismos internacionales. Sin embargo, las propuestas del Informe Mac Bride generaron polémicas que desembocaron en rupturas del diálogo internacional. La problemática se centra en la pregunta sobre cómo equilibrar el control estatal de los procesos y medios de comunicación con la libertad de expresión y difusión de mensajes por parte de los individuos y de las entidades privadas.

Por una parte, mientras la mentalidad de la “libre empresa” pretenda absolutizarse desde la ausencia de controles externos propia del “dejar hacer, dejar pasar” del capitalismo liberal, cualquier propuesta de un “nuevo orden” que implique la intervención reguladora del Estado será rechazada. Por otra parte, existe siempre el peligro de una estatización de los medios, desde la perspectiva de una colectivización totalitaria controlada burocráticamente por un poder oficial destructor de la libre iniciativa y del desarrollo autónomo de los individuos, grupos y entidades privadas en los procesos de información y comunicación. Evitar los dos extremos, tanto el liberal-capitalista como el colectivista-totalitario, superando dialécticamente los términos opuestos del dilema entre libertad individual y justicia social, es el reto ético al que les toca enfrentarse a los responsables de la comunicación en el ámbito político.

B. Ámbito profesional:

Se entiende aquí por profesionales a aquellas personas cuya tarea es recoger, formular, almacenar, recuperar y difundir los diferentes mensajes, como también idear y operar los medios y las tecnologías que se requieren para transmitirlos.

Los profesionales de la comunicación son obviamente de una importancia clave en la construcción de una ética comunicacional que promueva el reconocimiento de las derechos humanos, importancia que se incrementa en la medida en que la comunicación misma se ha hecho y seguirá haciéndose cada vez más presente en todos los aspectos de la vida, lo cual implica a su vez la diferenciación cada día mayor de las funciones y áreas de actividad profesional. Sin embargo, como lo indica el Informe:

“Las expectativas actuales en el campo de la comunicación producen una aparente paradoja. Las exigencias de un conocimiento de alto nivel, combinadas con la sofisticación de las tecnologías implicadas, crean la necesidad de una cada vez mayor habilidad profesional, y de una mayor cantidad de profesionales en actividades de comunicación. Pero otras demandas -de democratización, de libertad de expresión para toda la sociedad, de comunicación como intercambio en lugar de difusión vertical, de descentralización hacia las comunidades locales- generan un anhelo de comunicación en el sentido de ‘hacerlo por sí mismos’, asumiendo los no-profesionales una participación activa. Estas demandas, a pesar de lo difícil que pueda ser conciliarlas en la práctica, de hecho no se oponen entre sí” .

C. Ámbito del usuario:

El Informe Mac Bride, al referirse a la interacción de distintos tipos de participantes y sus roles en los procesos de comunicación, empieza señalando a los individuos como sujetos primordiales de tales procesos:

“... el individuo tiene un papel de doble faz: comunica por su propia cuenta y es receptor de comunicación. Con demasiada frecuencia, lo segundo es más reforzado, mientras lo primero se ignora. Peor todavía, el individuo es tratado a menudo, no como perceptor de información apropiada a sus necesidades, sino como simple consumidor de un producto”. (...) “Como reacción saludable hay que atribuir un alto valor a muchos ejemplos de la comunicación alternativa, que opera horizontalmente en vez de verticalmente y que permite a los individuos asumir un rol activo en el proceso de comunicación. Los obstáculos son numerosos, pero la imaginación de la gente -particularmente de muchos grupos sociales organizados (...)- demuestra que los medios impresos, la radio local, el cine ‘amateur’, la televisión por cable, y hasta las microcomputadoras (...), pueden convertirse en instrumentos para liberar las iniciativas populares”.

El mismo Informe señala los siguientes derechos de los usuarios:

• El derecho a conocer: a que les sea dada y a buscar en todas las formas que puedan escoger, la información que desean, especialmente si afecta su vida y su trabajo o las decisiones que deben tomar, por cuenta propia o como miembros de una comunidad. Cuando la información es retenida, falseada o distorsionada, este derecho es violado.

• El derecho a comunicar: a compartir con otros la verdad tal como cada cual la ve en lo que concierne a sus condiciones de vida, sus aspiraciones, sus necesidades y sus quejas. Siempre que el individuo sea silenciado por intimidación o como castigo, o que se le niegue acceso a los canales de comunicación, este derecho es violado.

• El derecho a discutir: la comunicación debe ser un proceso abierto a la posibilidad de respuesta, reflexión y debate. Este derecho le permite al individuo influir en las decisiones de quienes están constituidos en autoridad .

Ahora bien, como sucede con las declaraciones, los derechos a conocer, a comunicar y a discutir no se hacen realidad con su simple formulación, ni tan sólo con lo que se ofrezca para el efecto desde los ámbitos político-estatal y profesional. Es preciso que cada individuo, cada grupo, cada comunidad, cada sector de la sociedad, en forma planeada y organizada, actúe decididamente para lograr la realización de tales derechos.

Especial importancia en este desafío tienen los tres factores principales del proceso de socialización: la familia, la educación escolar y los medios de comunicación social. Por ello es indispensable una educación para el uso de los medios en la cual intervengan como participantes activos los miembros de la familia -padres e hijos-, los educadores de todos los niveles de enseñanza formal y sus educandos, y los expertos en el análisis crítico de mensajes, para promover y desarrollar sistemas de recepción activa.

Tal tipo de educación debe constituir una dimensión imprescindible, integrada dentro de todo el proceso al que les corresponde concurrir a la familia, a la escuela y a los medios de comunicación social. Su contenido ha de ser la formación de una actitud crítica frente a los medios y mensajes, a partir de una desmitificación de las tecnologías y de un análisis hermenéutico y crítico -dialogal- de los mensajes, de modo que sus significados denotativos y connotativos y toda su estructura significativa, sean objeto de una captación consciente, reflexiva y constructivamente transformadora, en coherencia con el reconocimiento de los derechos y deberes inherentes al valor supremo de toda forma de comunicación: la dignidad de la persona humana.-
Autor: Mario Urzúa Aracena, Decano de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile | Fuente: Celam.org

Ponencia de Mario Urzúa Aracena, Decano de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile en el marco del II Congreso de Ética de la Comunicación
Ideas para la Enseñanza de la ética periodística en una Universidad Católica
Ideas para la Enseñanza de la ética periodística en una Universidad Católica
El tema de la enseñanza de la ética periodística por su propia importancia debe ser considerado desde distintos ángulos, especialmente cuando el curso se imparte en una universidad católica y considerando el caso de que los alumnos pueden no ser católicos o tener una escasa formación doctrinal.

Podemos comenzar por definir a la ética como la “ciencia filosófica teórica y práctica que investiga la moralidad de los actos humanos y estudia los valores, la vida y la conducta moral de la persona y de la comunidad humana, teniendo siempre como fin la honestidad” . Esta definición implica, siguiendo el razonamiento de Brajnovic, que es un sistema que trata de fenómenos generales, de un conocimiento que busca la verdad a través de pruebas lógicas y que tiene definidos sus objetos. Pero, al tratar sobre los actos humanos no sólo es una ciencia filosófica teórica, sobre principios, sino que también es práctica en cuanto trata acerca de los deberes de las personas, sobre el comportamiento humano y sobre las costumbres. Yepes llega a decir que “el hombre, o es ético o no es hombre” al señalar que “sin ética no hay desarrollo de la persona, ni armonía del alma” .

La ética informativa o deontología periodística es aquella parte de la ética especializada que estudia el acto informativo, es decir las acciones humanas en relación con la profesión periodística, cuyo centro es precisamente el acto informativo. Como el mismo Brajnovic explica “la deontología –como estudio especializado- abarca, por una parte, la profesión con todas sus consecuencias morales y proyecciones éticas sociales y, por la otra, los distintos aspectos de la conducta y la conciencia humanas, materia esencial de la ética” .

Etica e información han ido siempre unidas, Desantes va más allá cuando señala que “la cualidad moral de la información está ínsita en su misma naturaleza” . De ahí la importancia de vincular a la ética con la enseñanza del periodismo y a buscar fórmulas para que se alcance el objetivo de incorporar las normas deontológicas y la conciencia acerca de su necesidad a los estudiantes de las licenciaturas en ciencias de la información.

La doble característica de la ética, de ciencia teórica y práctica, se encuentra en la ética informativa, lo que origina las dificultades de su enseñanza, ya que no sólo se trata que los alumnos aprendan normas, principios y valores, sino que sean capaces de aplicarlos en la realidad profesional. De ahí que en esta presentación se intenta reflexionar acerca de algunas claves fundamentales para la enseñanza de la ética informativa, rescatadas de la bibliografía y confirmadas por la experiencia.

El primer antecedente que hay que considerar es que siendo la ética informativa, como una especialidad de la etica general, una ciencia filosófica es parte por lo mismo de la propia filosofía y por ello de buena manera tributaria del pensamiento que emana de esa misma filosofía.

Por lo mismo, se puede afirmar que sin un pensamiento filosófico y antropológico no sería posible construir una ética y menos aún una deontología informativa. En el caso de una universidad católica, esa filosofía y antropología deben ser las provienen de la tradición filosófica cristiana y por ello la base de los principios y normas de la ética informativa está en el concepto mismo del hombre, propio de la antropología cristiana y de la enseñanza de la Iglesia.

Por lo mismo, será indispensable incorporar al plan de estudios un curso de antropoología cristiana. Asimismo, es importante que el estudiante también comprenda la enseñanza de la iglesia con respecto a la sociedad, ya que precisamente la labor fundamental del periodista consiste en retratar e interpretar lo que sucede en la vida social. Para ello proponemos un curso de Doctrina Social de la Iglesia. Y finalmente, como un aporte cultural y de explicación misma de la organización de la Iglesia se propone un curso sobre Historia de la Iglesia.

De esta manera, los principios de la ética periodística tendrán un sustento filosófico, cultural e histórico que le permitan al estudiante de periodismo formar su conciencia respecto a la moralidad de los actos informativos.

Un sintético estudio sobre la formación ética en universidades católicas chilenas muestra que si bien en las ocho existentes existen cursos de ética periodística, cursos de antropología, filosofía, ética general, teología e historia de la Iglesia existen en las propiamente católicas, dos pontificias, dos dependientes de las sedes episcopales y una de la Compañía de Jesús. En una ligada a un movimiento religioso no se da ningún curso complementario al de ética periodística y en otra también de otro movimiento se dan cursos de teología, teología moral y doctrina social de la iglesia. En una última, perteneciente a una corporación que se define como católica no existe ningún curso sobre estas materias.

Desde otra perspectiva también deben considerarse los contenidos de la formación en ética periodística, a la luz de la teoría existente en los textos de estudio. Parece fundamental incluir temas como la verdad en la información y el respeto a la persona y sus derechos: derecho a la vida, al honor, a la propia imagen, a la intimidad y la vida privada. Ello comprende el uso de cámaras ocultas, grabaciones sin autorización y la ocultación de su identidad por parte del periodista. Asimismo, debe resguardarse la identidad y dignidad de los menores de edad y de las personas con limitaciones mentales. También hay que incluir el secreto profesional periodístico en sus aspectos de secreto de la fuente, el off the récord y el secreto de embargo. Y temas como la objeción de conciencia y la cláusula de conciencia, el deber de rectificar informaciones eróneas y de evitar incompatibilidades con otras funciones.

La gran mayoría de estos temas, según los estudios de Barroso y Villanueva, están incorporados en códigos de ética profesionales del periodismo, tanto internacionales, nacionales y de empresas periodísticas, los que también son referencias importantes en el estudio de la ética.

Adicionalmente, con el fin de que los estudiantes tengan un contacto con la realidad de los problemas ético profesionales, es conveniente recurrir a fallos de tribunales de ética, ya que así los alumnos conocen en forma directa vulneraciones a las normas sobre asuntos que podrían tener que enfrentar en su futuro profesional.

Finalmente, creo importante que en cada carrera de periodismo se estudien los principios y normas de ética periodística a fin de que exista un consenso entre los profesores acerca de ellos y sean exigibles en los trabajos prácticos que los alumnos realicen. De esta manera esas normas no quedarán reducidas a un curso específico sino que serían transversales al currículum de la carrera, por lo que serán parte del quehacer del alumno y se estará cumpliendo con la definición que la ética es una disciplina teórica y práctica. En la medida en que el alumno compruebe que esos principios son respetados en la práctica, será claro para él que la ética es una parte sustancial de su trabajo profesional.

De esta forma estaremos dando cumplimiento al compromiso adquirido por nuestros obispos en Aparecida, cuando plantearon que la enseñanza del periodismo debía formar profesionales competentes y responsables, con la finalidad manifestada por S.S. Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in Veritate “que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de lass personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural. En efecto, sigue el Santo Padre, la libertad humana está intrínsecamente ligada a estos valores superiores. Los medios pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comunión en la familia humana y al ethos de la sociedad, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participación universal en la búsqueda de lo que es justo”.


Notas
Brajnovic, Luka, Deontología Periodística, Eunsa, Pamplona, 1978, pág. 19
YEPES, ricardo y Aranguren, Javaier, Fundamentos de Antropología: un Ideal de la Excelencia Humana, EUNSA, Pamplona, 2003, pág. 81
Ibid. pág. 43
Desantes, José María, en el Prólogo de Códigos Deontológicos de los Medios de Comunicación, Barroso, Porfirio, Madrid, 1984, pág. 9

Enseñar Ética de la comunicación en una Universidad católica

Posted by Jorge Alberto Hidalgo Toledo On 10:55 a.m. 0 comments
Autor: Mons. Paul Tighe, Secretario del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
Ponencia de Mons. Paul Tighe, Secretario del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales en el marco del II Congreso de Ética de la Comunicación, Bogotá, Colombia
Enseñar Ética de la comunicación en una Universidad católica
Enseñar Ética de la comunicación en una Universidad católica
Me alegra mucho estar con ustedes y participar en este Congreso tan significativo. Desearía iniciar expresando el gran aprecio del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales sobre la iniciativa y el esfuerzo del CELAM al organizar este evento. Me es muy grato traerles el saludo del Presidente del Consejo, S.E. Mons. Claudio María Celli, y sus votos por el éxito de la iniciativa. Le hubiera gustado estar aquí, pero tuvo que quedarse en Roma para participar en la Segunda Asamblea especial del Sínodo de los Obispos dedicada a África. Me alegra mucho representar al Consejo, en primer lugar, porque el tema tratado es en sí mismo muy importante para todos los que trabajamos en el campo de las comunicaciones, y somos conscientes de los grandes desafíos que nos plantea su acelerado desarrollo.

En segundo lugar, porque este Congreso es en cierto modo uno de los primeros frutos del Congreso internacional que nuestro Consejo organizó el año pasado para reflexionar sobre la identidad y misión de las Facultades y Escuelas de Comunicación en Universidades Católicas. Hubo una amplia variedad de instituciones representadas -91 universidades de 44 países de todos los continentes-, que trabajan en una gran diversidad de contextos económicos, políticos y jurídicos. Entre ellas hubo una convicción unánime sobre la importancia capital de la ética como materia académica y en cuanto área formativa central en las Facultades y Escuelas de Comunicación.

En mi intervención de esta mañana reflexionaré en primer lugar sobre la atención creciente que la ética está despertando como disciplina académica y en el discurso público. Trataré de entresacar algunas ideas clave, derivadas de la disciplina emergente llamada ética profesional, de particular valor en el estudio de la ética de la comunicación. Después intentaré ofrecer algunas perspectivas tomadas de la ética fundamental. Y para terminar me gustaría reflexionar sobre el contexto particular de las Facultades de comunicación que pertenecen a Universidades católicas, y cómo la enseñanza de la ética puede verse configurada por su identidad y misión institucionales. En todo ello me guiaré por los trabajos previos de este Congreso y particularmente por el vínculo que proponen entre “ética de la comunicación” y la “comunicación ética”. Este vínculo expresa muy sintéticamente la idea de que al enseñar ética, el cómo enseñamos es a menudo tan importante como el qué enseñamos.

El deseo de confirmar la importancia de la ética como una disciplina académica fundamental en el curriculum de las Escuelas de Comunicación es el resultado de una creciente conciencia social sobre la importancia de la ética profesional. La ética médica, por ejemplo, tiene una larga trayectoria, pero en los últimos años se ha dado más importancia a la ética profesional en el terreno de la abogacía y la política, en el mundo del comercio y las finanzas, en las áreas de los medios, la publicidad y el periodismo. Es interesante notar que una de las frases más difundidas del Mensaje del Papa Benedicto XVI para la 42a Jornada Mundial de las Comunicaciones en 2008, fue su observación de que “Más de uno piensa que es necesaria en este ámbito una "info-ética", así como existe la bio-ética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida.” . Esta propuesta dio claramente en diana y ha sido calificada como el llamado a fundar una nueva disciplina, la “info-ética”.

Este llamado fue bien acogido por un amplio número de comentaristas, incluidos muchos ajenos al catolicismo o incluso fuera de la esfera religiosa. Hay que señalar, en honor a la verdad, que el concepto no fue, como dicen algunos, una creación del Papa, sino en cierta forma la bendición de un concepto que gozaba de cierta presencia en la UNESCO y en el mundo académico. La respuesta popular al uso pontificio del término demuestra, sobre todo, un anhelo público de mayor atención a la dimensión ética de la comunicación. El Mensaje en sí mismo - "Los Medios de comunicación: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla” – ofrece una sintética presentación de algunos principios éticos y valores clave que deben guiar a los profesionales de la comunicación. Junto con un documento nuestro Consejo, Ética en las comunicaciones sociales (2000), el Mensaje debería ser un recurso importante para quienes buscan identificar unas líneas fundamentales para desarrollar un curso o programa de ética de la comunicación.


Ética y comunicaciones: una vinculación intrínseca

El debate público sobre la ética non ha pasado inadvertido en diversos ambientes profesionales. Si se teclea en los buscadores de Internet las palabras “código+ profesional + ética”, se descubre que un extraordinario número de profesiones han intentado codificar, durante los últimos años, sus responsabilidades éticas. La creciente presencia de la ética se refleja también en la expansión del interés académico por la Ética Profesional. En el mundo anglosajón, muchas antiguas Facultades de Filosofía moral o Ética se han reconvertido en escuelas de Ética aplicada o profesional. Mi experiencia académica personal se encuentra en las áreas de leyes y ética, y durante muchos años en Irlanda trabajé como profesor de bioética. Más recientemente, fui invitado a asesorar asociaciones profesionales de Negocios, de Derecho o del campo educativo, que intentaban articular sus obligaciones y responsabilidades éticas.

Me gustaría señalar que el perfil mismo de una profesión puede ser el mejor punto de partida de una reflexión sobre cómo las Facultades de comunicación habrían de configurar los planes de estudio de los aspirantes a profesionales de la comunicación. Una profesión está formada, normalmente, por gente que comparte un conocimiento especializado y las capacidades que les hacen capaces de ofrecer unos servicios valiosos a la comunidad en general, satisfaciendo algunas necesidades humanas. Los médicos son expertos en cuidado de la salud; los abogados, en asistir a las personas en la protección de sus derechos e intereses, y en alcanzar bienes sociales como la justicia y el orden, etc. En todos los casos, es la propia naturaleza de sus habilidades y conocimientos la que obliga a los profesionales a comprometerse con (profesar) ciertos valores. Estos valores no se imponen desde fuera, sino que se dibujan ya desde la naturaleza de la profesión que tienen el privilegio de ejercer. Esta metodología parece indicar que al esforzarse en reflexionar sobre la ética de las comunicaciones -sean éstas periodísticas, relaciones públicas o en publicidad- habrían de iniciar por un análisis de la naturaleza misma de las habilidades y conocimientos que esos profesionales poseen, y el campo concreto en que sirven a la sociedad.

Incluso la más superficial de las reflexiones revelará que la búsqueda de la verdad es un valor ético central. Esta intuición fue articulada por el Papa Benedicto XVI cuando se dirigió a los participantes en el mencionado Congreso organizado por nuestro Consejo en mayo 2008: “Es evidente que en el centro de cualquier reflexión seria sobre la naturaleza y la finalidad de las comunicaciones humanas debe estar un compromiso con las cuestiones relativas a la verdad. Un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, consolar, pero el valor final de cualquier comunicación reside en su veracidad. En una de las primeras reflexiones sobre la naturaleza de la comunicación, Platón subrayó los peligros de cualquier tipo de comunicación que busque promover los objetivos y los propósitos del comunicador o de aquellos para quienes trabaja sin considerar la verdad de cuanto se comunica. También vale la pena recordar la sabia definición de orador que dio Catón el Viejo: vir bonus dicendi peritus, un hombre bueno y honesto, hábil para comunicar.”

De aquí se sigue que corresponde a una profesión el articular los valores éticos y compromisos centrales en ella. La ética no habría de ser impuesta arbitrariamente en las profesiones desde fuera; la ética habría de nacer de la reflexión sobre la experiencia de los “profesionales pensantes”. Los especialistas en ética (teólogos, filósofos y juristas) pueden ayudar a los profesionales a comprender y apreciar las teorías que subyacen a sus convicciones y a conocer las tradiciones de la disciplina ética formal. Pueden ayudar asimismo a los profesionales a describir, formular y codificar sus responsabilidades éticas. Pero no debería dejarse la ética sólo en manos de los llamados expertos.

La ética profesional seria requiere la cooperación de quienes tienen un conocimiento formal de la ética y de quienes entienden y tienen experiencias y conocimientos específicos de esa profesión. En un contexto universitario, es importante que el “curso de ética” no quede en manos del departamento de filosofía o teología, aunque tampoco habría de ser enseñado sin su asistencia. Más bien es el producto de una colaboración prolongada y seriamente interdisciplinar.

Ética professional: puntos clave

En el área de la ética profesional, el intento de expresar unas responsabilidades se origina normalmente de un análisis de las necesidades humanas fundamentales que la profesión intenta satisfacer. Hemos visto que la centralidad del compromiso con la verdad es esencial cuando se trata de difundir y compartir la información y el conocimiento que permiten a los individuos elegir responsablemente y a las sociedades desarrollarse.

Ética en las Comunicaciones sociales asegura que los medios de comunicación están llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo. (n. 6). El Documento detalla luego la contribución de los medios en la promoción del bien común en diversos sectores:

Económico – el mercado puede servir a la persona (cf.Centesimus annus, 34), y los medios de comunicación desempeñan un papel indispensable en una economía de mercado. La comunicación social sostiene los negocios y el comercio,…fomenta la competencia responsable con vistas al interés público, y permite que la gente haga opciones informadas, dándole a conocer la disponibilidad y las características de los productos.

Político – Los medios de comunicación son indispensables en las sociedades democráticas actuales. Proporcionan información sobre cuestiones y hechos, sobre funcionarios y candidatos a cargos públicos. Permiten que los líderes se comuniquen rápida y directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes instrumentos de responsabilidad, llamando la atención sobre la incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen de relieve los casos de competencia, espíritu cívico y cumplimiento del deber.

Cultural - Los medios de comunicación social facilitan el acceso de la gente a la literatura, al teatro, a la música y al arte, que de otro modo serían inasequibles para ella, y promueven así un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza.

Educativo -Los medios de comunicación son importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida.

Religioso - La vida religiosa de mucha gente se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis.

Para que los profesionales de la comunicación puedan asegurar que sus capacidades y conocimientos están al servicio del bien común y puedan realizar el gran potencial arriba señalado, deben estar siempre atentos para mantener su compromiso ético con el servicio al auténtico interés de los demás antes que al de sus necesidades particulares. Un teólogo moral definió este compromiso pidiendo a los profesionales que no vean sus propios conocimientos como “posesiones para su ganancia privada o para el estatus social”, sino como talentos para poner al servicio de otros, incluso si hay un alto costo personal y se requiere sacrificio.

En el campo de la medicina hemos aprendido que no debemos hacer todo lo que es posible realizar. Esto es igualmente válido en el campo de las comunicaciones: “no todo lo técnicamente posible es éticamente permisible.” La verdadera medida del progreso no debe basarse en la eficiencia técnica y logística de los nuevos medios de comunicación por sí mismos, sino en los propósitos a los que sirven. Quienes en el mundo mediático usan las nuevas tecnologías de comunicación, encaran una disyuntiva. Pueden intentar asegurar que esas nuevas tecnologías y el impulso que ofrecen a la comunicación, se pongan al servicio de los individuos y las comunidades en su búsqueda de la verdad. O bien pueden usarlos para que cada uno promueva sus propios intereses, o los de sus patrones, de maneras manipuladoras de individuos y comunidades. Sólo cuando estas tecnologías se usan para servir al auténtico bienestar de las personas y comunidades, podemos decir que son verdaderos instrumentos de progreso.

Las Facultades de comunicación deberían animar a los que van a trabajar en los medios, a afrontar la gran responsabilidad que tendrán, y mantenerla con los más altos estándares de profesionalidad. En particular deberían de fortalecer su compromiso de dar a conocer la verdad y defenderla “contra aquéllos que tienden a negarla o destruirla”. Los profesionales de los medios deben ser exhortados a defender los fundamentos éticos de su profesión, y asegurar que la “centralidad y la inviolable dignidad de la persona humana” sea siempre defendida. Deben recordar que los compromisos éticos pueden verse erosionados por factores como la competitividad por las audiencias, las presiones comerciales y los prejuicios ideológicos. Deben ser alertados sobre el peligro de que los medios se transformen en la voz del “materialismo económico y del relativismo ético”.

Un rasgo característico de la ética profesional que puede ayudar a orientar el enfoque dado a la ética de comunicación en las Facultades y escuelas, es el de las estructuras de confiabilidad o transparencia. Un americano especialista en ética, William F. May, dice que En la ética profesional de hoy, la prueba de seriedad moral puede depender no únicamente de que el individuo sea cumplidor de sus principios, sino de que tenga el valor de mantener también la confiabilidad en otros. Las Facultades deberían inculcar en sus estudiantes el sentido de que vale la pena pertenecer a una profesión, a una comunidad que busca fortalecer los compromisos éticos de sus miembros y no teme rechazar las prácticas destructivas y poco éticas.

Ética fundamental: distinciones útiles

En las escuelas académicas de filosofía, es frecuente distinguir entre ética fundamental o fundacional, y éticas específicas o aplicadas. Estas últimas se ocupan de los asuntos específicos de las disciplinas, mientras que la primera estudia las cuestiones básicas sobre el significado del bien el mal, lo correcto y lo incorrecto, y cómo pueden hacerse juicios éticos. Si bien la ética de la comunicación pertenece claramente al campo de las éticas aplicadas, sería un error desconocer el material que ofrece la ética fundamental. En particular es importante que los estudiantes de comunicación estudien las diferentes teorías éticas y afronten de manera crítica la influencia que ellas ejercen –con frecuencia de manera implícita- en el debate ético contemporáneo. Muchos estudiantes, sin darse cuenta, realizan sus juicios éticos sobre la base de criterios basados en el utilitarismo (el fin justifica los medios), el positivismo (lo que es legal es ético), el emotivismo (nuestros sentimientos nos dictan lo que está bien y lo que está mal) y el relativismo (no hay verdades absolutas en el área de la ética). Debería iniciarse a los alumnos en el estudio de las teorías éticas objetivas, como la tradición de la ley natural, que se basan en la convicción que la bondad o maldad de las decisiones humanas se puede discernir reflexionando sobre lo que significa realmente ser humano. Decisiones que por su propia naturaleza promueven el desarrollo del individuo y la sociedad se consideran buenos, mientras que aquéllos que dañan el bienestar de las personas y la comunidad son malos. (Mentir, por ejemplo, se considera intrínsecamente inmoral, pues atenta contra la natural confianza necesaria para las relaciones humanas positivas, aunque a veces pueda imaginarse una situación en que mentir parece traer ventajas). Estas teorías objetivas, vistas correctamente, significan esfuerzo metódico de razonamiento moral, no tanto un atajo hacia la verdad, y requiere que las personas trabajen juntas para decidir qué opciones y prácticas van a favorecer y cuáles deben ser desestimadas. Este discernimiento requiere una cuidadosa consideración de todas las perspectivas relevantes que entran en el debate ético por parte de los diversos protagonistas, de modo que los esfuerzos por alcanzar la decisión ética sea lo más objetiva posible. Estas teorías promueven un enfoque dialógico a la ética, que es accesible a todos los seres humanos más allá de sus diferencias ideológicas o religiosas, y ofrecen un fundamento teórico a la posibilidad de un debate público auténtico sobre asuntos éticos. Se trata de un compromiso compartido de buscar la verdad, basado en la convicción de que esa verdad objetiva existe, lo cual da a esos debates su valor último, pues de otro modo se convertirían en ejercicios de presión y manipulación en los cada uno busca imponer su punto de vista sin referencia a las exigencias de la verdad.

El Papa Benedicto XVI expresó de manera sintética la importancia de transmitir a los estudiantes de comunicación un sentido de la objetividad de la verdad en su encuentro con los participantes de nuestro Congreso el año pasado: El arte de la comunicación, por su naturaleza, está vinculado a un valor ético, a las virtudes que son el fundamento de la moral. A la luz de esa definición, os aliento, como educadores, a que alimentéis y recompenséis la pasión por la verdad y la bondad que siempre es fuerte en los jóvenes. Ayudadles a dedicarse plenamente a la búsqueda de la verdad. Pero enseñadles también que su pasión por la verdad, que también puede servirse de cierto escepticismo metodológico, especialmente en cuestiones de interés público, no debe distorsionarse ni convertirse en un cinismo relativista según el cual se rechace o ignore habitualmente cualquier apelación a la verdad y a la belleza.

Dentro del campo de la ética fundamental, se ha estudiado mucho la importante distinción entre una ética normativa y una “ética del carácter o de la virtud”. El trabajo de Alistair MacIntyre (entre otros) ha subrayado el hecho de que la ética no se refiere solo a lo que hacemos o a las normas que habríamos de seguir, sino también al tipo de persona que somos y a las virtudes que habríamos de favorecer e impulsar en los agentes éticos. Si las Escuelas o Facultades de comunicación tienen que promover con eficacia la formación ética de sus estudiantes, no habrán de conformarse con transmitir códigos éticos o redactar normas y reglas éticas. Deben también esforzarse en formar el carácter de sus estudiantes. La ética no se reduce nunca a lo que el individuo hace, sino también al tipo de persona que es. Se ha verificado siempre que actio segue esse: no basta que una persona sepa lo que debe hacer; debemos adentrarnos en cómo modelar el carácter de nuestros estudiantes para que asuman la voluntad de vivir según los más altos valores.

Es importante que los capacitemos para apreciar las mejores tradiciones éticas para su futura profesión, y a identificar modelos apropiados. En este contexto es bueno recordar que muchos periodistas han dado un testimonio extraordinario de su compromiso con la verdad. Periodistas en todo el mundo, y también en Colombia, han sufrido persecución, prisión e incluso han sido asesinados a causa de este compromiso y por negarse a callar frente a la injusticia o la corrupción. Su testimonio es una imagen elocuente de los más altos estándares a los que los medios pueden aspirar, y su ejemplo anima a los profesionales de la comunicación a fortalecer su compromiso con la verdad y, en ella, servir al bien común de toda la humanidad.

Otra distinción de la ética fundamental que puede ser útil para los formadores en ética de la comunicación, es la que existe entre ética individual y ética social. La ética social presta mucha atención a las estructuras en las que los individuos actúan, porque pueden modelar profundamente sus decisiones éticas. Si los profesionales de los medios desean ser éticamente serios, no basta para ello que examinen concienzudamente la propia toma de decisiones y sus motivaciones e intenciones personales. Habrán de considerar también el contexto en el que operan y se relacionan con los procesos sociales, políticos y económicos. Los principios y las normas éticas importantes en otros campos se aplican también a la comunicación social. Se pueden aplicar siempre los principios de la ética social, como la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia, la equidad y la responsabilidad en el uso de los recursos públicos y en el cumplimiento de funciones de responsabilidad pública. … La dimensión ética no sólo atañe al contenido de la comunicación (el mensaje) y al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación), sino también a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?). Estas cuestiones remiten a otras, con implicaciones económicas y políticas para la propiedad y el control. Por lo menos en las sociedades abiertas con economías de mercado, el problema ético de todos puede ser cómo armonizar beneficio con servicio de interés público, entendido según una concepción integral del bien común. (Ética en las Comunicaciones Sociales, 20)

Es obvio que debe prestarse una particular atención al problema de la brecha digital. En una creciente conciencia sobre el papel que las nuevas tecnologías tienen en la “sociedad de la información” para promover el comercio, el desarrollo y el progreso científico en un mundo globalizado, emerge la responsabilidad de asegurar que estas redes no se transformen en instrumentos de exclusión: Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana. (Papa Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2009).


Universidades católicas: identidad y misión

Cuando nuestro Consejo empezó a organizar el Congreso sobre la identidad y misión de las Escuelas y Facultades de comunicación en Universidades católicas, iniciamos con la intuición de que no sería posible ni deseable tratar de fijar una identidad genérica (“uni-talla”) en la que se metieran con calzador todas las Facultades y Escuelas católicas. Esta intuición se confirmó con las aportaciones de los participantes durante el Congreso. Muchos temían una definición que sugiriera, injustamente, que las Facultades y Escuelas católicas estaban menos interesadas en ofrecer la mejor educación a sus estudiantes, fuesen éstos católicos o no, que en promover cuestiones denominativas. Quedó claro que no hay conflicto entre el compromiso con la excelencia en términos de Formación profesional de los estudiantes, y los valores de la visión católica de la educación.

Para permitir a las Facultades y Escuelas articular su identidad católica en el contexto de sus propias circunstancias, es necesario que definan su misión. Ciertamente puede correrse el riesgo de convertir esa definición en un fin en sí misma, sobre todo si los valores identificados no están enraizados en la vida de la institución. Pero reporta grandes beneficios el uso adecuado de estos instrumentos. El definir una misión puede servir como una forma de constitución, un punto de referencia para orientar las actividades de la Escuela o Facultad; es un indicador para generar las prioridades en el curriculum, y como brújula para los estudiantes y el personal, de modo que sus decisiones hagan referencia a la identidad y al ethos de la institución. El proyecto de elaborar y definir la propia misión, en particular si se incluye a todo el personal y los representantes del cuerpo estudiantil, puede ser un proceso muy valioso que promueva la conciencia y el sentido de pertenencia a los valores nucleares de la Escuela o Facultad. Si se difunde adecuadamente esa definición de la propia misión, ésta puede atraer a potenciales estudiantes, de modo que hagan una elección más informada a la hora de decidir en qué escuela estudiar.

Esta definición normalmente incluye un compromiso explícito de ofrecer la mejor educación y formación posible a los estudiantes. La búsqueda de la excelencia, una búsqueda que siempre está matizada por el contexto y depende de los recursos disponibles- nunca se verá obstaculizada por la identidad católica de una Escuela o Facultad. Más bien implica un empeño en ofrecer los más altos estándares profesionales y formativos, y la atención personal a los estudiantes, sin importar su nivel social, creencias o grupo racial. La definición de una misión sirve también para incorporar los valores de justicia y respeto que guiarán su interacción con todos los interlocutores: estudiantes, profesores, auxiliares y personal de servicio. Esto es más importante aún si nuestras Escuelas quieren seguir el empeño del Papa Benedicto “ cada institución educativa católica es un lugar para encontrar a Dios vivo, el cual revela en Jesucristo la fuerza transformadora de su amor y su verdad .” (Encuentro con educadores católicos, Washington, 17/04/2008)

En el contexto particular de una Escuela o Facultad de comunicación, es importante plantearse un compromiso específico con la verdad y la objetividad. Este compromiso es especialmente significativo en el contexto contemporáneo, en el que muchas instituciones académicas han abandonado la noción de verdad y están marcadas por conceptos relativistas que niegan la existencia de referencias objetivas. El Papa Benedicto XVI ha señalado esta necesidad: “Estos peligrosos datos manifiestan lo urgente que es lo que podríamos llamar “caridad intelectual”. Este aspecto de la caridad invita al educador a reconocer que la profunda responsabilidad de llevar a los jóvenes a la verdad no es más que un acto de amor. De hecho, la dignidad de la educación reside en la promoción de la verdadera perfección y la alegría de los que han de ser formados. En la práctica, la “caridad intelectual” defiende la unidad esencial del conocimiento frente a la fragmentación que surge cuando la razón se aparta de la búsqueda de la verdad. Esto lleva a los jóvenes a la profunda satisfacción de ejercer la libertad respecto a la verdad, y esto impulsa a formular la relación entre la fe y los diversos aspectos de la vida familiar y civil. Una vez que se ha despertado la pasión por la plenitud y unidad de la verdad, los jóvenes estarán seguramente contentos de descubrir que la cuestión sobre lo que pueden conocer les abre a la gran aventura de lo que deben hacer.

Entonces experimentarán “en quién” y “en qué” es posible esperar y se animarán a ofrecer su contribución a la sociedad de un modo que genere esperanza para los otros. (Ibid).

En el contexto del debate sobre la identidad católica, me gustaría hacer una referencia a mi propia disciplina, la teología mora, que puede ser pertinente. En el período post-conciliar ubo un debate muy señalado sobre la “especificidad” o los aspectos distintivos de la ética cristiana. Por una parte unos afirmaban que la ética cristiana tenía que distinguirse si verdaderamente estaba enraizada en las enseñanzas de Jesucristo, basada en las Escrituras tal como mostraba la enseñanza de la Iglesia. Este así llamado Glaubensethik se centraba en la novedad de la ética cristiana. El otro punto de vista aseguraba que la ética y la moralidad es un fenómeno humano, y que el bien de las normas éticas puede alcanzarse por la reflexión sobre la naturaleza humana, por lo cual no era necesaria una referencia explícita a Cristo. La ética era autónoma y podía ser identificada mediante la reflexión humana. En el curso del debate, emergió una forma de tercera vía. Los defensores del primer punto de vista aceptaron que la determinación de las cuestiones éticas de las Escrituras o de la Iglesia requerían una reflexión racional. Por otra parte, los que defendían la autonomía de la ética aceptaron que la naturaleza humana, creada por Dios, ve su autonomía más bien como una teonomía. Algunos comentaristas intentaron reconciliar las dos posturas sugiriendo que los puntos distintivos de la ética cristiana no tenía que fundarse en su contenido normativo, sino más bien en la motivación o intención del cristiano. También sugirieron que cualquier teoría ética que no tomara en cuenta los aspectos motivacionales y de intención, sería inadecuada.

Estoy consciente de que ésta es una descripción bastante reductiva de un debate muy complejo, pero sugeriría que al buscar un aspecto distintivo en las Escuelas y Facultades católicas de comunicación, no deberíamos reducir nuestro examen al contenido (el curriculum y las materias impartidas) sin considerar las líneas de fuerza éticas y filosóficas de las instituciones.

Esto también se puede aplicar a la enseñanza de la ética. Todas las Escuelas o Facultades de comunicación deben promover la responsabilidad ética entre sus estudiantes. Este objetivo no se reduce a un programa católico y debemos estar atentos a no sugerir que sólo nuestras instituciones se preocupan por la ética.

Sin embargo, al buscar identificar los requerimientos de la mejor práctica ética, y al tratar de inculcar valores entre los estudiantes, la Escuela o Facultad católica podrá buscar elementos en la rica tradición ética de nuestra fe. Un aspecto fundamental habría de ser, obviamente, el compromiso con la verdad. Otros valores fundados en la reflexión ética católica, aunque no exclusivos de ella, incluyen la promoción del respeto a la dignidad y el valor de todo ser humano, el rechazo de todo desprecio al hombre, el evitar palabras y gestos calculados para promover el odio y la intolerancia. La Doctrina Social de la Iglesia nos alerta mucho respecto a la importancia de la comunicación al promover la solidaridad, la paz y la reconciliación.

La gran prueba sobre los estándares éticos de una persona se da cuando la adhesión a los valores profesados supone un costo para sus intereses individuales. Podemos inculcar en nuestros estudiantes la admiración por aquellos comunicadores y periodistas, creyentes o no creyentes, que a costo de sí mismos tuvieron el valor de resistir las amenazas o sobornos de quienes intentaron corromperlos o silenciarlos. Al buscar ofrecer una motivación y razones de este sacrificio, no hay que dudar en poner el ejemplo de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, que rehusó ser intimidado por la violencia y la muerte, y su confianza fue reivindicada por el Padre. El Evangelio de Cristo nos ofrece con frecuencia una razón para resistir a quienes intentan doblegar nuestras convicciones, y como creyentes sabemos que no estamos nunca solos cuando intentamos honradamente servir al bien de otros.

Como hemos visto, un planteamiento serio sobre las cuestiones de la comunicaciòn y sus propósitos nos llevará a enfrentarnos con las preguntas límite sobre el objeto y sentido de la vida. ¿Por qué ser veraces? ¿Por qué atender al lamento de los pobres y explotados? ¿Por qué denunciar las mentiras y las injusticias de los que se hacen ricos y poderosos a costa de otros? En nuestros planes de estudio habríamos de plantear estas preguntas, con ayuda de los especialistas en filosofía y teología de nuestras universidades, para tener un enfoque interdisciplinar de estas preguntas radicales.

Éstas también pueden suscitarse a través de la literatura y el cine. Estos enfoques pueden servir para animar a nuestros estudiantes a reflexionar sobre las cuestiones básicas que están olvidadas debajo de los quehaceres de la vida, especialmente en nuestra era tecnológica, en la que tan poco espacio hay para la reflexión, sello de lo que tradicionalmente se ha considerado una vida sabia.

Al plantearnos las preguntas fundamentales e intentar responder a la búsqueda antropológica más profunda de nuestros estudiantes, las Escuelas y Facultades católicas no deberían de avergonzarse de una presentación respetuosa de la creencia más fundamental de nuestra Iglesia: el infinito y gratuito amor de nuestro Dios por cada persona, revelado en Jesucristo. Al tratar de encontrar el equilibrio entre hablar de Jesús, cuyo Espíritu da vida y significado a nuestra enseñanza social, y respetar al mismo tiempo la libertad de quien profesa otra religión o ninguna, podemos inspirarnos en las palabras del Papa Benedicto XVI : la caridad no ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo. El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos. Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por decirlo así, dejar de lado a Dios y a Cristo. Siempre está en juego todo el hombre. Con frecuencia, la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios.

Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar.

El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor (Deus caritas est, 31).

Seminario-Taller Violencia y ejercicio periodístico

Posted by Jorge Alberto Hidalgo Toledo On 2:36 p.m. 0 comments

Invitan al

SEMINARIO-TALLER

VIOLENCIA Y EJERCICIO PERIODISTICO

14 y 15 de octubre

Miércoles 14 de octubre de 11:00 A 17:00HRS. (Foro de Televisión)

11:00 hrs.

El entorno de inseguridad y el ejercicio periodístico

  • Diagnóstico sobre inseguridad y ejercicio periodístico en la región y el continente
  • Análisis e interpretación de los documentos de diagnóstico sobre la inseguridad y ejercicio periodístico
  • Taller sobre inseguridad periodística

15:00 hrs.

El sistema regional, latinoamericano y mundial de protección al ejercicio periodístico

  • Instrumentos internacionales de protección al ejercicio periodístico
  • Casos emblemáticos de protección a los periodistas a través del sistema internacional
  • Taller Estudios de caso

Jueves 15 de octubre de 09:00 a 13:00 hrs. (Laboratorio de Convergencia Digital)

09:00 hrs.

Libertad de expresión y seguridad personal

  • Libertad de expresión y derecho al a información (alcances y límites)
  • La cobertura noticiosa en épocas de conflicto (1)
  • La cobertura noticiosa en épocas de conflicto (2) (periodismo para la paz)
  • Taller Libertad de expresión

11:00 hrs.

El deber ser del periodista

  • Riesgo frente a sentido común
  • El periodismo de investigación (acceso y corrupción)

· Los géneros, las plataformas y los nuevos temas periodísticos

· Taller El deber ser del periodista

Imparten:

Mtro. Erick Fernández.- Profesor Investigador del Departamento de Comunicación. Especialista en Comunicación y Política Internacional. Instructor en temas de periodismo en América Latina

Mtro: Jacinto Rodríguez Munguía.- Coordinador Académico de la Fundación Prensa y Democracia, Coordinador editorial de la revista emeequis y autor, entre otros, de La Otra Guerra Secreta: Los archivos prohibidos de la prensa y el poder.

* Se entregará constancia de participación

Lugar:

Universidad Iberoamericana

Prolongación Paseo de la Reforma 880

Lomas de Santa Fe, 01219

Registro: registro.comunicacion@uia.mx 59504116

Participación de nuestros académicos en medios de comunicación.

Posted by Jorge Alberto Hidalgo Toledo On 8:00 p.m. 0 comments


Septiembre 2009.

1.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la afectación por el huracán Jimena, periódico Excélsior.

2.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el gasto corriente, periódico Universal.

3.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el PIB del 3% en 2010, periódico Universal.

4.- Mtro. Arnulfo Gómez, Facultad de Economía y Negocios. Entrevista sobre tratados comerciales de México, periódico Comercio T21.

5.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el gasto excesivo, periódico Universal.

6.- Mtro. Juan Pablo Calderón, Centro de Alta Dirección en Economía y Negocios. Artículo "30 minutos o es gratis", revista Alto Nivel.

7.- Mtro. Antonio Morfín, director del Centro de Alta Dirección en Economía y Negocios. Artículo "¿Última llamada?", periódico El Financiero.

8.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, periódico Reforma.

9.- Mtro. Salvador Escobar, Escuela de Relaciones Internacionales. Artículo "Diez de diez: el Informe de la crisis", periódico Excélsior.

10.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre nuevos impuestos, periódico Universal.

11.- Mtro. Arnulfo Gómez, Facultad de Economía y Negocios. Entrevista sobre la relación comercial con Canadá, periódico Reforma.

12.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el incremento en el déficit fiscal, periódico Universal.

13.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre la elevación del déficit, periódico Universal.

14.- Mtro. Antonio Morfín, director del Centro de Alta Dirección en Economía y Negocios. Artículo "Educación de negocios e interés público", periódico El Financiero.

15.- Lic. Yunuen Velázquez, Acción Social. Entrevista sobre el proyecto ASUA Construye, periódico Reforma Estado.

16.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, periódico Excélsior.

17.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre el día mundial del turismo, periódico Excélsior.

18.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el riesgo al elevar el déficit, periódico Universal.

19.- Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Entrevista sobre el riesgo en materia de empleo, periódico Financiero.

20.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, periódico Financiero.

21.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, periódico Excélsior.

22.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre el ingreso de divisas, periódico Excélsior.

23.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, periódico El Economista.

24.- Mtro. Salvador Escobar, Escuela de Relaciones Internacionales. Artículo "Globalización y migración: las nuevas tendencias, revista Este País.

25.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, radio Imágenes del turismo 90.9 FM, Grupo Imagen.

26.- Dra. Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Opinión sobre la eliminación de erogaciones de telefonía celular, radio Don Dinero 88.1 FM, Radio Centro.

27.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, radio Negocios en Imagen 90.9 FM, Grupo Imagen.

28.- Mtra. Laura King, Facultad de Comunicación. Opinión sobre el regreso del el transbordador espacial Discovery, programa de Jorge Santa Cruz, radio 13 noticias 1290 AM.

29.- Dra. Laura Iturbide, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac. Opinión sobre el impacto de los nuevos impuestos, radio Don Dinero 88.1 FM, Radio Centro.

30.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la cifras de la afectación en el turismo, radio Imágenes del turismo 90.9 FM, Grupo Imagen.

31.- Mtra. Laura King, Facultad de Comunicación. Opinión sobre el día mundial de la Paz, programa de Jorge Santa Cruz, radio 13 noticias 1290 AM.

32.- Mtra. Covadonga Villa, Facultad de Economía y Negocios. Entrevista sobre la jubilación, radio Antena Radio Primera Emisión 107.9 FM, Instituto Mexicano de la Radio (IMER)

33.- Mtro. Francisco Madrid Flores, director de la Escuela de Turismo. Entrevista sobre la desaparición de la Sectur, noticiero Cadena tres con Pedro Ferriz de Con, Canal 28.


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